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18 de abril de 2010

Napoleón Management.


El 12 de julio de 1809 el general Auguste Marmont subía apresuradamente las escaleras del Hofburg de Viena. El emperador le había hecho llamar el día anterior. El motivo, - pensó el general - debía tener relación con la persecución  al ejercito austriaco, al que el emperador acababa de derrotar en Wagram y que le había permitido tomar su capital. Cuando al fin llegó ante Napoleón, éste le pregunto a bocajarro: “Marmont, ¿tiene usted suerte?”. Aunque sorprendido no dudó en afirmar que sí. Antes de que abandonase la estancia Napoleón Bonaparte le habría nombrado Mariscal del Imperio.

La anécdota, apócrifa quizás, nos muestra como el genial corso se había adelantando en 200 años a Alex Rovira, autor del bestseller mundial, La Buena Suerte. Napoleón exigía a sus directivos una cualidad que poco tiene que ver con la aleatoriedad. Exigía fortaleza de ánimo, capacidad para visualizar los objetivos fijados y una implacable resistencia a la frustración. En el mundo de la empresa estos son atributos que les aseguro son fundamentales. En un entorno competitivo, instalarse en un círculo virtuoso multiplica nuestro desempeño. Instalarse en la depresión es lo más fácil en una situación de crisis como la actual, la complacencia es tan cómoda como inútil para superar las dificultades. Napoleón acostumbraba a poner sus tropas en situaciones comprometidas, forzaba la máquina sobre su equipo. Es la mejor forma de maximizar su rendimiento. Tras la victoria de Austerlitz un sargento de la Garde dijo "El Emperador nos ha mostrado una nueva arma: nuestras piernas"


Otra de las enseñanzas fundamentales de Napoleón es aquella  donde al reflexionar acerca de la naturaleza de la guerra nos dice que "...solo es una cuestión de tiempo y espacio, pero si me preguntan cuál de la dos es más importante les diré que el tiempo ya que éste no puede recuperarse". Evidentemente la peor gestión es la que se deja para mañana pudiendo realizarla hoy. La utilización eficiente del tiempo implica autodisciplina y planificación. ¿Cuantas veces no hemos tomado la iniciativa de ser los primeros en golpear y nuestra competencia ha actuado antes?. A partir de ese momento nuestra gestión pasa a ser reactiva, vamos a remolque. Nuestro espacio en el sentido de Napoleón es nuestro producto, nuestro servicio que quizás sea objetivamente inferior al de la competencia, pero con el que en muchas ocasiones nuestra agresiva iniciativa permite llevarnos el negocio ¿les suena?.


Por último quédense con esta reflexión de Bonaparte: "La relación de la moral con la aptitud física es de tres a uno" ¿Está en un sector maduro? Pues sepa que la ventaja competitiva de su producto, será difícilmente sostenible en el tiempo. Su competencia puede copiar sus productos o servicios con cierta rapidez. En los sectores maduros el bajo crecimiento de la demanda recrudece la competencia. Ésta es la aptitud física a la que se refiere Napoleón. En cambio si su ventaja competitiva es la capacidad de gestión, es el valor moral, si es un intangible que no puede ser replicado y ahí es donde usted pondrá en valor su empresa. No hay países o empresas ricos , las hay bien o mal gestionadas. La moral implica crear un equipo implicado,  tratarlo con cariño y a la vez con dureza, diríjalo desde el frente ya que solo así le seguirán, haga que compitan creativamente entre sí y sobre todo no soporte a los tóxicos. Degradan su organización. Él tampoco lo hacía.

Si quieren ahondar en el personaje les recomiendo un par de libros, pero que deben prometer leer con la óptica del gestor y no del aficionado a la historia.
¿Y sabe porqué cayo Napoleón?. Porque olvidó sus propias enseñanzas. La pereza mental, la falta de autocrítica y la aplicación de conceptos que funcionaron en el pasado pero que no adoptó a su nuevo entorno competitivo. Sus últimas batallas se planificaron desde la prepotencia, sus ataques eran frontales y el desperdicio de sus recursos humanos, inasumible. Cuando Wellington le derrotó finalmente en Waterloo, dijo de la actuación del Emperador en la batalla "Es un manporrero". El inglés, en inferioridad numérica y material le derrotó aplicando las tácticas descritas hace 2.500 años por Sun Tzu, en su Arte de la Guerra, el libro favorito de Emilio Botín...Aunque de esto ya les hablaré en un nuevo post.

22 de marzo de 2010

"Todo va a cambiar"

Conocí a Enrique Dans, autor del libro cuyo título reseña este post, en el desaparecido programa de Libertad Digital TV, "Conectados". Un espacio televiso gamberro, donde sus conductores abordaban de un modo muy fresco todo lo relacionado con la web y la tecnologia. De repente apareció en mi pantalla un tipo al que se realizaba una entrevista en la que a los presentadores solo les faltaba un reclinatorio  ¿qué estaba pasando en uno de mis programas preferidos? ¿quién era el tal Dans?. Un tipo serio, profesor del Instituto de Empresa y que hablaba de la web con un lenguaje que entiendo perfectamente: el de la economía, pero expresado como nunca lo haría un académico, sino un profesional.
Desde entonces lo he leído esporádicamente en su blog, pero desde que he devorado su libro, le sigo en Twitter y lo que es más importante, me ha encantado, recomiendo encarecidamente su lectura y quiero compartir mi experiencia.
El libro (nos) gustará a los liberales, ya que señala a la red como nuevo espacio de desarrollo de la libertad individual, obtenida por un concepto clave: bidireccionalidad. La red implica un cambio en la comunicación con los consumidores. Si la televisión no admite réplica, internet permite un feedback prácticamente inmediato, con todo lo que ello implica en cuanto a los esfuerzos que la relación con los clientes implica para las empresas. No se pierdan el pasaje relativo al Dell Hell; a alguno se nos pusieron los pelos de punta. Que conste que están advertidos. 
Hay otro concepto fundamental que desarrolla el autor que no por novedoso, hay que tener en mente. Disrupción: cambios rápidos que no tienen que ver con el pasado y que además  crea una nueva forma de entender las relaciones económicas y sociales sobre la que no existe experiencia. Efectivamente, eso es algo más allá de evolución. Este concepto enlaza con el de actitud estratégica, que tanto me gusta desarrollar en mis clases; el mantenimiento constante de una  actitud anticipadora respecto de los cambios en el entorno, voluntarista respecto a nuestra capacidad de influir sobre la realidad y autocrítica respecto de nuestra capacidad directiva. Enrique Dans nos hace reflexionar sobre ello y les aseguro que lo logra.
Internet se constituye por tanto, en el nuevo espacio de libertad del individuo frente a una estructura de relaciones basadas en las masas. Me recordó en este sentido a Chris Anderson con el que recientemente puede compartir una videoconferencia; autor de un famoso artículo publicado en Wired en 2004, The Long Tail  y que posteriormente se ha convertido en un éxito editorial.  
Fíjese en la curva estadística. Anderson señala que en el mundo digital, la concentración de ventas (los hits, representados en el tramo verde) en un segmento puede tener un volumen inferior a los múltiples segmentos contenidos en esa larga cola amarilla, fruto de la capacidad adaptativa de la red a nichos mucho más específicos; con todas las ventajas que ello implica en cuanto a la efectividad de una estrategia comercial.
Para los que somos padres me ha llamado mucho la atención la propuesta que fomenta la participación de los más jóvenes en las redes sociales. Señala el autor que oponernos es limitar el futuro de nuestros hijos en un mundo hiperconectado en el que el desarrollo de estas habilidades comunicativas es clave para no crear futuros analfabetos digitales y permitir una adecuada socialización. 
Si le ha convencido esta reseña, puede encontrar este libro en la columna de recomendaciones de este blog. A mí me convenció, prueba de ello ha sido el nacimiento de Estrategia & Finanzas y este post que acaba de leer. Ya me contará.